Obispo Auxiliar de Madrid
Secretario General de la Conferencia Episcopal Española

 

Señor Cardenal Presidente del Consejo Pontificio Justicia y Paz
Señores arzobispos y obispos,
Señores vicarios y delegados episcopales,
Sacerdotes, miembros de la vida consagrada,
Catequistas, profesores de religión,
Ponentes, voluntarios y organizadores del congreso,

Congresistas y amigos todos, también los que os unís a nosotros a través de los medios de comunicación:

Llega el momento de poner punto final a estos dos días y medio de Congreso, tan significativos, tan intensos y - creo yo que también - tan gozosos. Le hubiera correspondido dirigirles las palabras de Clausura al Señor Cardenal Presidente de la Conferencia Episcopal, que, sin embargo, siente mucho no haber podido estar con nosotros hasta el final, por haber tenido que acudir a la Plenaria de la Congregación para la Educación Católica que tiene lugar en Roma cada dos años. Permitanle, pues, a un servidor, en su nombre, y en el de la Conferencia Episcopal, unas palabras de despedida.

El acontecimiento histórico de la publicación de la Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española, nos ha dado la bendita ocasión de hacer en estos días una hermosa experiencia de Iglesia. La Iglesia que peregrina en España cuenta desde ahora con un instrumento providencial para que la Palabra de Dios pueda resonar con más fuerza en medio de la Asamblea y en el corazón de los fieles. Como creatura Verbi, como criatura de la Palabra, la Iglesia es - según hemos escuchado y vivido en estos días - una comunidad de memoria y de comunicación. Gracias a su testimonio, Jesucristo no es para nosotros un personaje del pasado, ni siquiera el más grandioso de todos ellos, sino una Presencia salvadora en el hoy de nuestras vidas y de nuestra historia. Porque - de un modo del todo singular - en la Iglesia y por la Iglesia, el Espíritu Santo permite reconocer y confesar a Jesús como el Señor. La Sagrada Escritura, divinamente inspirada, es, por así decir, el testimonio permanente del Señor que el Espíritu ofrece por la Iglesia y para la Iglesia en la carne del lenguaje humano. La versión oficial de la Conferencia Episcopal, nace con una especial vocación de servicio a la obra que el Espíritu Santo realiza en la Iglesia creándola por medio de la Palabra y, por tanto, convirtiendo los corazones al Señor Jesús.

Gracias a todos, queridos congresistas, por vuestra numerosa, cualificada, laboriosa y alegre presencia. Gracias a vosotros, el Congreso ha podido cumplir sus objetivos con creces. Todos - repito, todos - conocemos algo mejor lo que significa la Biblia de la Conferencia Episcopal; y podremos hablar mejor de ello. De paso, hemos tomado nueva conciencia del significado único de la Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia; y podremos renovar la básica dimensión bíblica de nuestra existencia cristiana y de nuestro apostolado y acción pastoral.

Pero no somos sólo las casi novecientas personas inscritas - exactamente, han sido 876 - y las en torno a mil que han pasado por este palacio de Congresos las que nos hemos beneficiado de este acto de Iglesia tan especial. Porque vosotros, desde vuestras responsabilidades, tan decisivas y variadas, haréis partícipes de la experiencia a muchos otros en vuestras diócesis, parroquias, comunidades y familias. Y porque, además, en el Congreso han podido participar directamente otros muchos a través de los medios de comunicación. En concreto, en los dos primeros días (todavía no tenemos datos de hoy) ha habido 55.147 visitas a los videos de las ponencias disponibles en la página web del Congreso. De ellas, 8.628 han sido para seguir en directo las sesiones. Las conexiones on line proceden en su mayor parte de España, pero también de Italia, Argentina, Costa Rica, México, Colombia, Polonia, Reino Unido, Estados Unidos de América y Alemania. A todo ello se aade que también las actas que la BAC publicará, Dios mediante dentro de poco, actuarán como elaborado y permanente eco de estos días.

Gracias, pues a todos vosotros: congresistas presentes aquí, congresistas de los medios y futuros congresistas lectores. También así sois testigos; también así se hace Iglesia, comunidad de memoria y de comunicación. E Iglesia joven. La Iglesia siempre lo es, pero además, hemos visto muchas caras jóvenes entre los congresistas y también entre los ponentes.

Antes de decirnos adiós, constituye una grata obligación dar también muy particularmente las gracias a todos los que han hecho posible que hayamos disfrutado de este Congreso, del que tantos frutos se seguirán, con la gracia de Dios.

Gracias, al personal de este Palacio de Congresos, que nos ha servido la comida, la megafonía, la imagen, el café y el amplio, limpio y confortable espacio que nos ha acogido.

Gracias a los profesionales de los medios: de informática, de radio María, que retransmitido íntegramente el Congreso, de la COPE y de otros, que también le han dado cobertura en diferentes grados.

Gracias, a los voluntarios y voluntarias que nos han enseñado el camino y acompañado en tantos pequeños grandes servicios: jóvenes escolapios, miembros del Regnum Christi y del voluntariado de la JMJ Madrid 2011.

Gracias, a los ponentes, que nos ha deleitado con su mucho saber y buen hacer, entre otras cosas, con su noble lucha con el tiempo.

Gracias, al personal de la Conferencia Episcopal, en especial al de los Secretariados de Doctrina de la Fe, Liturgia, Enseñanza y Catequesis, y Pastoral, pero también, a nuestros colaboradores de la Oficina de Información.

Gracias, en fín a los responsables de la organización: los Secretarios de las Comisiones mencionadas que han diseñado el Congreso, bajo la dirección del Prof. Díaz Rodelas y con el excelente trabajo organizativo de D. Jorge Fernández Sangrador, Director General de Publicaciones de la Conferencia Episcopal y de la Biblioteca de Autores Cristianos.

Gracias, a los Hermanos en el episcopado, que han participado en número tan considerable en las sesiones: cinco cardenales, seis arzobispos y, veinticinco obispos. Su presencia ha constituido un signo especial de la eclesialidad de este Congreso.

Gracias, en particular, al Señor Cardenal Presidente del Consejo Pontificio Justicia y Paz, por haber querido presidir hoy este acto de clausura y poner fin a las labores del Congreso con su bendición.

Gracias a Dios, Nuestro Señor, de quien procede todo bien.

Queda clausurado en el Congreso La Sagrada Escritura en la Iglesia, con motivo de la presentación de la Biblia de la Conferencia Episcopal Española.

Que la Virgen os acompañe en vuestros viajes y ¡Adiós! ¡Con Dios!