Cardenal-Arzobispo de Madrid
Presidente de la Conferencia Episcopal Española

Señor Cardenal (Prefecto de la Congregación de los Obispos, Marc Ouellet),
Señor Nuncio,
Señores Arzobispos y Obispos,
Señores Vicarios y Delegados episcopales,
Organizadores y personas que servís al buen desarrollo del Congreso,

Queridos congresistas, amigos todos:

Mi más cordial bienvenida para todos y cada uno de ustedes. Como arzobispo de Madrid –esta ciudad abierta y acogedora, en la que la Iglesia también es viva– les deseo especialmente a los que vienen de fuera una estancia agradable y provechosa entre nosotros.

Como Presidente de la Conferencia Episcopal, que organiza este Congreso sobre "La Sagrada Escritura en la Iglesia", agradezco la presencia de todos los congresistas, que habéis hecho un esfuerzo de tiempo y de medios, para acudir a esta convocatoria tan especial.

El Congreso que ahora inauguramos es una de las acciones más importantes previstas en su momento por la Conferencia Episcopal para ayudar a la renovación de lo que podríamos llamar la dimensión bíblica de toda la labor pastoral de la Iglesia, aprovechando el acontecimiento histórico que es –sin duda ninguna– la reciente publicación de la Sagrada Escritura. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española.

Entonces no podíamos saber todavía cuándo iba a ser publicada la Exhortación apostólica postsinodal Verbum Domini. Tampoco conocíamos, como es natural, su incipit: la Palabra del Señor. Es ciertamente providencial que la publicación de este importante documento del magisterio pontificio haya coincidido con la aparición de la Biblia de la Conferencia Episcopal. De este modo, el Congreso que celebramos cuenta con una guía luminosa que orientará seguramente las ponencias, la reflexión y la proyección apostólica de este encuentro.

Por eso, es tan de agradecer que el Señor Cardenal Marc Ouellet, haya tenido la generosidad de aceptar nuestra invitación para pronunciar la Conferencia inaugural. El Señor Cardenal, siendo todavía Arzobispo de Quebec, fue el Relator General de la XII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, sobre "La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia", celebrada en Roma en octubre de 2008. El Papa Benedicto XVI, en la mencionada Exhortación Verbum Domini presenta y profundiza los resultados de aquella Asamblea del Sínodo (cf. VD 5). Nadie, pues, mejor que el Cardenal Ouellet para abrir los trabajos de este Congreso y para ayudarnos así a orientar mejor en el futuro la presencia de la Palabra del Señor en la vida y la misión de la Iglesia, según las enseñanzas del Sínodo y del Santo Padre. Sea muy bienvenido, Señor Cardenal, y ¡muchas gracias! Escucharemos enseguida con suma atención sus palabras.

El programa del Congreso es muy rico. Los ponentes proceden de toda la geografía física y espiritual del mundo del estudio teológico-exegético y de la pastoral bíblica; su ciencia y experiencia asegura el éxito de lo que nos proponemos. A todos les doy muy sinceramente las gracias por su dedicación de años a sus trabajos y por la impagable contribución de estos días.

Las cuatro intervenciones de esta tarde se centrarán expresamente en la presentación de la Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española. El Secretario General de la Conferencia Episcopal, que ha coordinado los trabajos técnicos de los últimos años con los procesos de revisión y aprobación oficial y que, estuvo también presente, desde 1995, en el impulso inicial de esta Biblia, sintetizará la historia y los motivos del proyecto. Por su parte, el Presidente y el Secretario del Comité Técnico que encauzó el trabajo exegético de traducción y anotación del texto sagrado –llevado a cabo por veinticuatro especialistas– explicarán los criterios técnicos, exegéticos y teológicos que guiaron toda la obra. Y el Subsecretario de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos tratará de los criterios que rigen el reconocimiento de las versiones de la Sagrada Escritura que han de ser utilizados en la Liturgia, como es el caso del texto de la Biblia de la Conferencia Episcopal.

Las cinco intervenciones siguientes –las cuatro de la mañana y la primera de la tarde del día de mañana– ofrecerán una básica visión de conjunto de lo que significa la Sagrada Escritura en la Iglesia como testigo de la divina revelación. Comenzando por la lectura eclesial del Antiguo Testamento (Prof. Carbajosa Pérez), continuando por el sentido que la Biblia tiene para los Santos Padres (Prof. Merino Rodríguez); la misión de la exégesis en la vida de la Iglesia (Prof. Núñez Regodón); la relación entre Sagrada Escritura y Magisterio de la Iglesia (Mons. Ladaria); para terminar con el tema del testimonio apostólico sobre Jesús y la historia (Prof. Venard).

Durante el resto de la tarde del día de mañana tendrán lugar diez intervenciones, de las que los congresistas podrán elegir dos, dentro de dos series de cinco. De este modo, se ofrece una variada panorámica de temas referentes a la relación de la Sagrada Escritura con la liturgia y la oración, la teología, la catequesis y la enseñanza religiosa escolar. Son los ámbitos temáticos propios de las Comisiones Episcopales que han colaborado en la organización del Congreso y que, objetivamente, se refieren a lugares de especial importancia para una renovada y adecuada presencia de la Biblia en la vida y misión de la Iglesia. Tienen ustedes en el programa los títulos concretos de las diez interesantes contribuciones, entre las que cada uno elegirá según sus preferencias. En las actas se podrá luego tener acceso a todas, también, por tanto, a aquellas a las que mañana no sea posible asistir.

Por fin, el congreso se cerrará pasado mañana por la mañana con dos temas que posiblemente sólo para una visión superficial puedan aparecer como desconectados entre sí: la lectura científica de la Sagrada Escritura (Prof. Ábrego), por un lado, y la Palabra de Dios y el compromiso en el mundo (Cardenal Turckson), por otro.

Ojalá que estos días de escucha, reflexión e intercambio sobre la Palabra de Dios escrita sean muy útiles para cada uno de los congresistas y nos ayuden a todos a conseguir los fines a los que ya me he referido: que el Verbo del Padre, testimoniado por toda la Escritura Santa, sea Luz y Vida para el mundo a través de la vida y de la misión de la Iglesia. Ese es mi deseo y el objeto de mi oración y de la oración de todos en la celebración de la Palabra con la que a continuación inauguraremos el Congreso.

Pero antes, permítanme todavía algunas palabras más para dar las gracias. En primer lugar, a Dios Nuestro Señor que nos permite celebrar hoy este Congreso, porque ha sido posible llevar a feliz término el proyecto de la Biblia de la Conferencia Episcopal. Y, luego, gracias también a las personas que lo han hecho posible.

Quiero recordar aquí a D. Elías Yanes, Arzobispo emérito de Zaragoza, que como Presidente de la Conferencia Episcopal, recogió e impulsó las propuestas de abordar este trabajo, allá por el año 1996; y a D. José Sánchez, obispo de Guadalajara, y a D. Juan José Asenjo, hoy Arzobispo de Sevilla, que, como Secretarios Generales, dieron por aquellas fechas y años sucesivos los pasos necesarios para que la Conferencia llevara a la práctica los nombramientos y los encargos necesarios para el trabajo; como ya he apuntado, esta tarea ha sido llevada a puerto por el actual Secretario General, D. Juan Antonio Martínez Camino, obispo auxiliar de Madrid. La gratitud es extensiva a los sucesivos Presidentes de las Comisiones Episcopales encargadas de la obra: D. Ricardo Blázquez, D. Eugenio Romero Pose, D. Agustín García Gasco y D. Javier Martínez, de Doctrina de la Fe y D. Pedro Tena y D. Julián López, de Liturgia; así como también a los colaboradores de sus secretariados, con sus directores a lo largo de estos años: Martínez Camino y José Rico Pavés, de Doctrina de la Fe; y Concepción González y Juan María Canals, de Liturgia.

Gracias igualmente a todos los hermanos obispos que han tomado parte en los trabajos de revisión y aprobación, junto con las personas que les han ayudado en esa importante tarea. Gracias a las autoridades y peritos de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, que han revisado todo el texto bíblico.

Nuestra gratitud se dirige, por supuesto, a los veinticuatro especialistas que trabajaron en la traducción y en las notas e introducciones de la Biblia, en especial, a quienes, como Presidente y Secretario, coordinaron los trabajos: el Prof. Dr. D. Domingo Muñoz León y el Prof. Dr. D. Juan Miguel Díaz Rodelas.

Por fin es necesario reconocer la labor realizada por la Biblioteca de Autores Cristianos, la BAC. Ella, cuando D. Joaquín Luis Ortega era su director, se ofreció y comprometió generosamente a editarlo. Ahora, en el momento de poner manos a la obra de los trabajos de revisión y edición de los textos, hemos tenido la suerte de que el actual director de la BAC, D. Jorge Fernández Sangrador, como algunos de sus colaboradores en el equipo de la benemérita casa editora, sean también exegetas y hayan participado antes en la traducción y anotación de la Biblia. El resultado editorial ha sido todo un acierto. Podemos disfrutar de un texto legible y dispuesto con claridad y elegancia. Auguramos que los trabajos editoriales pendientes respondan también, en otros formatos y soportes, a la noble misión de poner la Palabra de Dios al alcance de todos de un modo a la vez digno y práctico.

La Biblia de la Conferencia Episcopal se abre con una hermosa Instrucción Pastoral de la Asamblea Plenaria de los obispos titulada "La Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia", cuyo sentido será profundizado en estos días del Congreso. Termino con las mismas palabras con las que concluye el texto de los obispos españoles, deseando que ese mismo sea el fruto que el Congreso nos ayude a cosechar: "Al ofrecer al pueblo cristiano esta nueva traducción de la Sagrada Escritura, los obispos de la Conferencia Episcopal Española ponemos bajo la materna intercesión de la Santísima Virgen María los frutos de santidad que esperamos se deriven de esta iniciativa. Ella nos recuerda constantemente que a la escucha atenta de la voz del Señor ha de seguir la obediencia fiel: Hágase en mi según tu Palabra (Lc 1, 38).

Que disfruten de estos días de estudio y encuentro y, de nuevo, ¡muchas gracias!.