Profesora de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma

 

La amplia difusión de la lectio divina constituye un auténtico signo de esperanza para la Iglesia porque, como recita el Mensaje final del Sínodo recogido en la exhortación Verbum Domini, "es verdaderamente «capaz de abrir al fiel no sólo el tesoro de la Palabra de Dios sino también de crear el encuentro con Cristo, Palabra divina y viviente»" (núm. 87). En muchos lugares el nombre tradicional de lectio divina se ha sustituido con el de lectura orante, lectura creyente o incluso escuela de la Palabra. De ahí el título de esta ponencia, fruto de mi participación como experta (entiéndase como biblista) en la XII Asamblea Ordinaria del Sínodo de Obispos sobre la Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia (Ciudad del Vaticano, 5-26 de octubre de 2008), de la lectura de la exhortación apostólica post-sinodal Verbum Domini y, en fin, de mi experiencia en el campo del apostolado bíblico, especialmente como guía y formadora de grupos que practican la lectio divina en diversos ámbitos de la Iglesia.

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