Una Biblia para la nueva evangelización de España

En tiempos de nueva evangelización, los obispos españoles invitan a volver a las raíces para alimentar la propia fe. Ésa es la finalidad de la versión oficial de la Biblia, que se ha presentado esta semana en el Palacio de Congresos de Madrid. Allí concluyó ayer el Congreso La Sagrada Escritura en la Iglesia, una cita llamada quizá no tanto a conseguir grandes titulares de prensa, sino a tener un impacto profundo y duradero en la vida de la Iglesia en España.

Los cardenales Rouco Varela y Marc Ouellet, en la inauguración del Congreso

«La publicación de la Sagrada Escritura. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española constituye un acontecimiento histórico», no dudó en afirmar el Secretario General y portavoz del episcopado, monseñor Juan Antonio Martínez Camino, obispo auxiliar de Madrid, ante unos 800 congresistas, entre los que había representantes de todas las diócesis de España. El cardenal Marc Oullet, Prefecto de la Congregación para los Obispos y Relator del Sínodo de los Obispos sobre la Palabra de Dios en 2008, calificó el lunes de «altamente providencial» la aprobación de esta nueva traducción. «Ojala toda España se beneficie de esta iniciativa y pueda mostrar a Europa, hoy como en otras épocas, un camino renovado para el anuncio del Evangelio», dijo en la ponencia inaugural del Congreso.

No hay evangelización sin arraigo firme en la fe. Por ello, «la difusión de este libro sagrado manifiesta una renovada conciencia de la Iglesia sobre su misión», en unos momentos críticos. «La Biblia ha modelado el alma de Europa, su historia y su vida cotidiana -explicó el cardenal canadiense-. Pertenece a su cultura y define, por así decir, su código genético». Pero, «en las últimas décadas, una profunda crisis sacude los cimientos de la cultura europea. Una nueva razón de Estado impone su ley y trata de relegar a un segundo plano las raíces cristianas de Europa. Parecía que, en nombre de la laicidad, la Biblia debería ser relativizada, para disolverse en un pluralismo religioso y desaparecer como referente cultural normativo».

La crisis penetró también «en el interior de la Iglesia». Muchos estudiosos, por ejemplo, con el pretexto de adecuarse al método científico, volcaron sus prejuicios ideológicos en las traducciones e interpretaciones de la Biblia, por ejemplo, «eliminando los prodigios y los milagros», y «sembrando, no pocas veces, la confusión entre los fieles». A estas amenazas respondió ya el Concilio, con la Constitución dogmática Dei Verbum, presentando decididamente la Revelación en términos de «encuentro personal con Cristo». En esa línea profundiza Benedicto XVI, en su reciente exhortación postsinodal Verbum Domini, redactada a partir de las conclusiones del Sínodo del que fue Relator el cardenal Ouellet.

Un retorno contemplativo

El Papa presenta la Sagrada Escritura como «testimonio de la conversación que Dios quiere establecer con la Humanidad», aclaró el cardenal Ouellet. El modelo es María. Leer la Biblia no consiste sólo en buscar información en sus páginas. «La actitud mariana de escucha orante y de generosidad en la disponibilidad activa nos coloca en una justa actitud ante la Sagrada Escritura».

La Biblia no puede comprenderse fuera de contexto. «El lugar originario de la interpretación de las Escrituras es la vida de la Iglesia», añadió el antiguo arzobispo de Quebec. La interpretación o exégesis correcta es la que ofrecen, con su testimonio de vida y su coherencia, los santos: «Ellos han vivido y encarnado ejemplarmente la Palabra de Dios; y es por esa razón que son sus intérpretes más fiables», afirmó.

El Verbo se hizo carne y la Palabra se hace y debe hacerse continuamente testimonio de vida en la Iglesia. Ése es el camino de la nueva evangelización. «El testimonio de la sangre crece en nuestros días», constató el Prefecto de la Congregación para los Obispos. Y es necesaria «la formación de un laicado comprometido y creíble», que sólo puede nacer de «una escucha orante y asidua de Dios, a través del texto sagrado»; en otras palabras, de un «retorno contemplativo», tal como lo viven ya «un buen número de movimientos, grupos y comunidades».

Versión cuasisagrada

Decía Juan Pablo II que muchos cristianos no saben hoy qué es el cristianismo, o lo confunden con una «vaga religiosidad», recordó en la tarde de ayer don Javier Prades, Decano de la Facultad de Teología San Dámaso, de Madrid, y miembro de la Comisión Teológica Internacional. «Reducen la propia fe -afirmó- a un conjunto de dogmas o postulados teóricos». Es el resultado de olvidar que «la Verdad divina personal sale al encuentro del hombre» de forma muy concreta en la Historia, con la Encarnación.

Es esencial, por tanto, conocer las Escrituras, y que las distintas traducciones guarden fidelidad a los textos originales. Don Juan Miguel Ferrer Grenesche, Subsecretario de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, resaltó la importancia de que se presente ahora en España «una versión bíblica contrastada y oficial», llamada incluso «a adquirir un carácter, no sólo oficial, sino cuasisagrado (el término sagrado aquí entre muchas comillas)». Una Biblia oficial no excluye otros trabajos, pero sirve de referencia: «He aquí el interés de la Santa Sede y la urgencia desde nuestra Congregación por que todas las Conferencias Episcopales vayan realizando versiones oficiales de la Escritura entera en diversas lenguas», añadió. Con respecto a la que se presenta ahora en Espala, aunque «es perfeccionable, como toda obra humana», el Subsecretario manifestó este deseo: «¡Ojala pudiese llegar a ser el texto compartido también, en substancia, con todas las Iglesias hermanas de América, el Caribe y África que también hablan castellano».

Hermoso trabajo sinfónico

El proceso hasta llegar a este resultado ha sido muy largo. Lo explicó monseñor Martínez Camino, que ha intervenido en los trabajos técnicos desde sus inicios, en 1995, y, ya como Secretario General de la Conferencia Episcopal Española, ha coordinado esos trabajos en los últimos años.

El obispo auxiliar de Madrid se remitió, no obstante, a mediados de la década de los años 60, cuando se le encargó al padre Luis Alonso Schökel la preparación del nuevo Leccionario litúrgico en español. Era la primera traducción oficial en España, tras la introducción de las lenguas vernáculas según la reforma del Concilio Vaticano II. Monseñor Martínez Camino se refiere a esos textos como al «germen de la Biblia oficial de la que hoy disponemos por primera vez», textos que no sólo sirvieron de punto de partida para la nueva Biblia oficial, sino que, además, constituyeron el impulso para que se acometiera este trabajo, ya que hicieron a muchos preguntarse por la necesidad de este proyecto. El padre Schökel, por ejemplo, sin dejar de valorar la proliferación de buenas traducciones de los textos sagrados, «se planteaba la pregunta siguiente: ¿Veremos una Babel de Biblias? ¿No es la pluralidad fuente de confusión? Dentro de poco escucharemos una traducción en misa, y en casa leeremos otra».

El padre Schökel comprendió la conveniencia de que «el lenguaje bíblico de la catequesis» fuera «para todos el mismo», y que fuera «precisamente el de la liturgia». Pero vio también claro que el proyecto necesitaba ser madurado. España carecía entonces de la traducción bíblica de otros países que acometieron ya en los años 70 la edición de Biblias oficiales.

Ese momento llegó en 1995. Comenzaron unos trabajos que desembocaron, en 2007, en el texto llamado provisionalmente definitivo. Los obispos españoles y la Congregación para el Culto Divino hicieron sus correcciones y sugerencias... Monseñor Martínez Camino habla del «resultado de un hermoso trabajo sinfónico, al que ha hecho su aportación un considerable número de especialistas y pastores de hoy y de ayer. También el pueblo de Dios en su conjunto ha tomado parte en la elaboración de este texto, que se ha visto enriquecido por sugerencias procedentes de la experiencia del uso de los textos empleados en la liturgia durante treinta años».

Añadía a continuación el profesor Juan Miguel Díaz Rodelas, Director de este Congreso, en su condición de Secretario de la Comisión técnica para la preparación de esta Biblia: «El único motor y mayor estímulo» durante los trabajos ha sido el deseo de ofrecer a la Iglesia en España «un instrumento apto y útil para lograr aquel objetivo que señalaba el Vaticano II en las palabras conclusivas de la Constitución dogmática Dei Verbum: que la palabra de Dios se difunda y resplandezca y el tesoro de la Revelación, confiado a la Iglesia, llene más y más los corazones de los hombres».

Ricardo Benjumea

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo


Cardenal Marc Ouellet:
«No es para especialistas: ¡es el libro del pueblo de Dios!»

¿Cómo podemos acercarnos a la Sagrada Escritura en nuestra vida cotidiana?

A un cristiano que quiere hablar con Dios y rezar con la Escritura yo le aconsejo tomar el Evangelio del domingo. Lo primero que hay que hacer es pedir la ayuda del Espíritu Santo, porque éste es un libro del Espíritu Santo, el autor divino a través de todas las mediaciones humanas. Nos pone en relación con el Señor Jesús resucitado. Es esencial darse cuenta de que no se trata de hacer un ejercicio intelectual; sino que es Dios que nos habla y nosotros que respondemos. Buscamos acoger la Palabra y que nos ayude en nuestra relación personal con Cristo. Después de invocar el Espíritu y leer el texto, podemos dejar aflorar los pensamientos que nos vienen a raíz de esta lectura. Y si lo hacemos en unión con otros, mejor todavía.

¿Se puede seguir este método también en familia?

Claro que sí. Hay familias que ya lo hacen, que se reúnen en torno a la Palabra del domingo u otra, y lo bueno es que se sorprenden de las respuestas de los niños, que habitualmente son las mejores. Muchas veces es en los niños donde el Espíritu se expresa con más facilidad, en sus preguntas, en sus observaciones... Se trata de compartir la Palabra, porque el Espíritu Santo es Espíritu de comunión.

¿Rezar más para entender mejor?

Así es. Se trata de desarrollar un nueva forma de relacionarse con la Escritura: de un modo más contemplativo, y compartiéndola con otros, para beneficiarnos todos de ella. No hay que pensar que la Biblia es un libro de especialistas y que sólo pueden entender los especialistas. ¡Es el libro del pueblo de Dios! Es el libro para nuestra oración. Los especialistas nos ayudan a alejarnos de interpretaciones fantásticas, pero no debemos olvidar que es el texto que nos ayuda a todos los cristianos a relacionarnos con Cristo resucitado.

También se dijo:

Olivier-Thomas Venard: La investigación reciente establece que, en el marco histórico de la Palestina judía antigua, el Jesús del testimonio apostólico tal como lo entiende la fe católica es absolutamente verosímil.

Marcelo Merino Rodríguez: La Biblia es ya, dentro de nuestras casas, el libro de familia. La Biblia pertenece a cada uno de los bautizados en la Iglesia, independientemente de sus habilidades exegéticas.

Ignacio Carbajosa: En nuestros días, la Biblia está a disposición de todo el mundo, como en ningún otro momento de la historia de la Iglesia. Sin embargo, nunca como hoy se desconoce el Antiguo Testamento. Un hecho así debe hacernos reflexionar. La lectura eclesial del AT coincide con una lectura cristológica.

Nuria Calduch-Benages: A la luz de la Constitución Dei Verbum y de la tradición patrística, que siempre ha recomendado acercarse a la Escritura con una actitud orante en diálogo con Dios, la Exhortación Verbum Domini pone en guardia a los fieles ante el riesgo de un acercamiento individualista a la Escritura, recordando que la Palabra de Dios se nos da precisamente para construir comunión.

Juan Carlos García Domene: La catequesis en la familia y en la comunidad parroquial, la enseñanza religiosa escolar y otras formas de educación en la fe habrán de ayudar a los jóvenes al manejo preciso de esa brújula que es la Palabra de Dios. Tendremos que ayudarles a familiarizarse con ella.

Florencio Abajo: La celebración dominical de la misa continúa siendo el ámbito de acceso mayoritario de los fieles a la Palabra. Es necesario aprovechar esta circunstancia y cuidar todo lo relacionado con la liturgia de la Palabra en la Eucaristía. La buena preparación de la homilía es inexcusable.

¿Por qué estos libros, y no otros?

El padre Luis Ladaria, arzobispo Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, abordó la relación entre La Sagrada Escritura y el Magisterio de la Iglesia, y cómo la fijación del canon de las Escrituras es «un hecho incuestionado e incuestionable desde los primeros momentos de la Iglesia naciente». Monseñor Ladaria reconoció que el magisterio de los Papas y el emanado de los Concilios a lo largo de la historia de la Iglesia subraya que «es la Iglesia la que debe juzgar acerca de la interpretación de las Escrituras», y que «a nadie le es lícito interpretarlas contra el sentir de la Iglesia». Para monseñor Ladaria, «Dios ha puesto las Escrituras en las manos de la Iglesia, y para su interpretación recibimos de ella una guía infalible. Esto no quiere decir que la Iglesia coarte la investigación en la ciencia bíblica, sino que más bien ayuda a su progreso en cuanto la protege del error».

Asimismo, el arzobispo Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe señaló que «la Escritura no puede verse nunca separada de la vida misma de la Iglesia que le ha dado origen y que, asistida por el Espíritu, ha determinado qué libros se han de considerar inspirados por el Espíritu Santo y entran por tanto en el canon de las Escrituras». Por consiguiente, «no se puede hablar de Escritura sin la Tradición viva de la Iglesia que nos la propone como tal y sin el Magisterio que, con su autoridad, ha determinado sus precisos límites y juzga sobre su interpretación».

(Alfa y Omega Nº 724)