(Alfa y Omega , 28 marzo 2012)

San Jerónimo, el insigne traductor de la Biblia al latín, testimonia las dificultades que encontró para entrar en la humildad de la Escritura: “…Si alguna vez - nos confiesa el santo - volviendo en mí, comenzaba a leer los profetas, me horrorizaba su dicción inculta, y cuando con mis ojos ciegos no veía la luz pensaba que era culpa del sol y no de los ojos”. El gran Doctor del “amor a la Escritura” no recorrió un camino fácil. Su enamoramiento fue fruto ciertamente de una gracia divina, pero también de un empeño constante, de un “admirable ardor por aprender” y de una frecuentación de otros grandes maestros en la ciencia del texto bíblico. San Jerónimo recordará años más tarde, en su carta a Rústico, lo que le costó aprender la lengua del Antiguo Testamento: “cuánto trabajo consumí en ello, cuánta dificultad experimenté, cuántas veces me desanimé, cuántas desistí para empezar de nuevo en mi empeño de aprender”. Para entender la Escritura, Jerónimo no ahorró sacrificios, vigilias y periodos largos de lectura del texto.

Pero, ¿valía la pena tanto esfuerzo? ¿Qué lo justificaba? San Jerónimo expresará años más tarde el descubrimiento que le movió a tan extremas penalidades: supo que “desconocer las Escrituras era desconocer a Cristo”. Formidable lección. El esfuerzo por extraer del texto bíblico sentidos y connotaciones nuevas, era el esfuerzo por acercarse a Cristo y extraer agua siempre nueva del manantial inagotable de su amor.

“Desconocer las Escrituras es desconocer a Cristo”. Hace ahora cuatro años, la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española escribió una Instrucción Pastoral titulada “La Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia” en la que extraía la consecuencia cabal de esta afirmación del santo: “Desconocer las Escrituras es desconocer a Cristo. De ahí que la Iglesia recomiende de modo especial e insistentemente a todos los fieles la lectura asidua de las divinas Escrituras” (n.7).

La Conferencia Episcopal Española, consciente de esta necesidad de animar a la lectura de la Sagrada Escritura, y consciente también de que la liturgia es el ámbito privilegiado donde este acceso se realiza de forma eficaz, decidió publicar la Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española, “la única traducción que se podrá utilizar en la Liturgia formando parte de los leccionarios, una vez que la Santa Sede conceda la preceptiva aprobación de los libros litúrgicos correspondientes” (n.14).

Prolongado esta tarea pastoral, y aprovechando para ello el tiempo propicio de cuaresma, la Biblioteca de Autores Cristianos ha publicado la edición popular (o Minor) del Nuevo Testamento. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española. Se trata de una publicación significativa en la vida de la Iglesia española, pues va a facilitar que este texto se difunda mucho más al presentarse en un formato más manejable y mucho más económico.

“Aunque no solo para ellos, esta edición popular del Nuevo Testamento ha sido pensada especialmente para los niños y los jóvenes que hacen su itinerario de iniciación cristiana o que siguen las enseñanzas de religión y moral católica”, nos dice D. Juan Antonio Martínez Camino en la Presentación de esta edición. Se trata, por tanto, de una publicación con una marcada finalidad catequética. Aparecen por ello en los bordes superiores de sus páginas unas bandas de color, que permiten agrupar aquellos escritos del canon que están emparentados entre sí. Esta finalidad justifica también el modo en que se han resaltado las referencias a los paralelos sinópticos para permitir una lectura en paralelo. Todo, en fin, para intentar dar al conjunto un formato ágil y más apto para la catequesis. Todo, en fin, más profundamente, para hacer que nazca en el corazón de los fieles ese amor a la Escritura que debe estar necesariamente vinculado con su lectura frecuente, con el roce cotidiano de sus páginas.

“Ama las Escrituras Santas y te amará la Sabiduría”. San Jerónimo descubrió esta reconfortante verdad tras años de esfuerzo en su lectura orante del texto bíblico y en su frecuentación de los grandes maestros que le ayudaron a comprender las Sagradas Escrituras. La publicación de esta nueva edición de la versión oficial del Nuevo Testamento, a la que nos hemos referido, pretende precisamente fomentar este amor a las Escrituras, fomentar su memorización, facilitando que las palabras sagradas se vayan grabando en el corazón de los creyentes, fomentar también su comprensión en la explicación catequética, gracias al uso de los mismos términos bíblicos que se escuchan en la liturgia, fomentar, en fin, la unión entre vida de piedad y vida litúrgica del creyente.