* Tercera de ABC, 28/02/2011

NO pocos españoles se vieron sorprendidos cuando en los primeros días de febrero se reunieron miles de personas en el Congreso de Palacios y Exposiciones para recibir y dar a conocer la nueva traducción de la Biblia preparada y responsabilizada por la Conferencia Episcopal Española. Esta traducción será normativa en todos los textos litúrgicos y catequéticos en los que se lleve a cabo la transmisión oficial de la fe de la Iglesia. ¿Es que hasta ahora no existía la Biblia en España? ¿Es que no había una traducción auténtica? ¿Cuando llega la Biblia a España?

Biblia: extraña palabra en femenino singular, que sin embargo como palabra griega es un diminutivo plural que significa «libritos». Son los 72 que la forman, remitiendo los unos a los otros, desde el primero (Génesis) al último (Apocalipsis). No sabemos con exactitud cuándo llega la Biblia a España. La Teneka(palabra con que los judíos designan la Ley, los Escritos y los Profetas) —para los cristianos, Antiguo Testamento— llegaría cuando se aposentaron las primeras comunidades judías en nuestra península. Los escritos de la Iglesia naciente tardaron tiempo en ser reconocidos por todas las iglesias como canónicos y formar así lo que ahora llamamos Nuevo o Segundo Testamento. Éstos, unidos a las Escrituras Sagradas del pueblo de Israel, formaron la Biblia actual.

El primer testimonio fehaciente de la presencia de una Biblia completa en España lo encontramos en la petición que un matrimonio de Andalucía, Lucinio Bético y su mujer Teodora (398), hace a San Jerónimo de que les envíe sus traducciones de los originales bíblicos, hebreo y griego, al latín; lo que luego se designó como «Vulgata latina». Les envía seis amanuenses para que hagan una copia. Con los textos, sin duda, se trajeron el consejo que el Santo daba a sus lectores: «Lee con frecuencia, aprende lo mejor que puedas. Que te sorprenda el sueño mientras sostienes el códice entre las manos y que la página sagrada reciba tu rostro vencido por el sueño».

Una vez que existía la Biblia en España, ¿quién podía leerla? Tenemos que cambiar casi todas nuestras evidencias. Para nosotros leer es fácil: porque sabemos leer, porque podemos comprar un libro, nos cabe en el bolsillo y cuesta relativamente poco dinero. Desde los días en que se redacta la Biblia hasta finales del siglo XIX, la mayoría de la población no sabía leer y no tenía la posibilidad económica de comprar ni de trasportar los códices o las grandes ediciones de los libros sagrados. El rollo de Isaías descubierto en Qumram mide siete metros de largo y en la traducción griega mediría por los menos el doble. Si San Pablo hubiera querido llevar las Escrituras Sagradas consigo hubiera necesitado un carro al andar por tierra y un barco al surcar el Mediterráneo. Ellos la oían proclamada en alto en la sinagoga o en la iglesia, la memorizaban, la meditaban y la repetían.

¿Cuántos conocían el hebreo, griego, latín? ¿Cuándo aparecen las primeras traducciones a las lenguas peninsulares? Compleja historia, ya que son diferentes las fechas para las traducciones al catalán-valenciano de los siglos XV-XVI o al vascuence y al gallego en el siglo XX. Los españoles no han leído la Biblia: la han oído en la liturgia y la han visto transcrita en la pintura y escultura (Biblia pauperum). El siglo XVI es la gran explosión de las traducciones a las lenguas nacionales. Lutero lleva a cabo la traducción al alemán (1522) y con ella determina la historia moderna de esa lengua. La Biblia se convierte en instrumento de la autonomía individual para cada cristiano, ya que con su ejemplar en la mano y su atención al Espíritu Santo que le inspira se convierte en un absoluto frente a cualquier autoridad externa. La filosofía y literatura alemana, desde Kant (quien hace más de 400 citas bíblicas) y Hegel hasta Nietzsche y Heidegger, son deudoras de ella.

En Francia tenemos varias versiones en el siglo XVI y comienzos del XVII: Lefèbre d´Etaples (1523, 1530); Pierre Olivetan, primera Biblia protestante (1535); Sebastian Castellion, traducción en francés popular (1555), y Lemaistre de Sacy (1667, 1672, 1693), personalidad significativa dentro de los grupos jansenistas, con quien Pascal mantuvo una correspondencia clásica. En Inglaterra está la King James Bible o Authorized Version (1607-1611), que ha sido decisiva, casi normativa para todo el inglés posterior, hasta la poesía de los siglos XIX y XX, desde R. Browning y M. Arnold a G. M. Hopkins y T. S. Elliot.

En España tuvimos una historia gloriosa en el siglo XVI a la vez que una experiencia tristísima. Gloriosa porque se llevan a cabo la Biblia Complutense de Cisneros que, impresa ya en 1514 antes que el Nuevo Testamento de Erasmo, no se publica hasta 1520 cuando la edición del Roterodamo ya se había impuesto. La otra gran gesta editorial hispánica fue la Biblia Regia de Arias Montano (1569-1573), publicada en Amberes por las prensas de Plantino. La tragedia se derivó de un hecho simple: la Biblia fue identificada con Lutero, el protestantismo y la amenaza a la unidad de España. Así se entiende que el Index de la Inquisición española ya de 1551 y luego el de 1559 prohibieran todas las traducciones de la Biblia en lenguas vernáculas. ¿Qué hubieran sido la palabra, poesía y habla popular españolas si Fray Luis de León nos hubiera ofrecido la versión completa de la Biblia, con la riqueza teológica y la transparencia literaria de sus versiones de Job, Salmos y Cantar de los Cantares? La primera versión completa en romance de los originales es la de Casiodoro de Reina, la llamada Biblia del Oso(Basilea, 1569), que utilizarán hasta hoy las Sociedades Bíblicas protestantes.

En los siglos XVIII y XIX tenemos las versiones del escolapio P. Scio (1790-1793) y del obispo de Astorga F. Torres Amat (1823-1825), hechas del latín. La primera traducción católica completa de los originales hebreo y griego es la de E. Nacar y A. Colunga (1944). Luego siguió un fecundo renacimiento bíblico con nuevas traducciones, acentuando cada una un aspecto, literario, crítico, pastoral, histórico: Bover-Cantera, Biblia de Jerusalem, Nueva Biblia Española, Casa de la Biblia, Biblia del Peregrino, Biblia interconfesional… y otras muchas. Incluso aparecieron una «Biblia laica», una «Biblia cultural», una «Biblia didáctica»…

Junto a ellas, la nueva versión de la Conferencia Episcopal ofrece una formulación críticamente rigurosa y apta para ser proclamada en la liturgia y en la catequesis. Las demás versiones pueden ser utilizadas en la lectura personal, cada uno de acuerdo con su sensibilidad espiritual y literaria. Ella va a influir también decisivamente en la lengua hablada, ya que la oirán y acogerán los millones de católicos que participan tanto en la eucaristía dominical y diaria como en los innumerables actos de la vida eclesial.

La Biblia ha ido unida en España a la Ilustración. Los ilustrados fueron buenos lectores de la Biblia y los buenos lectores de la Biblia fueron ilustrados. He aquí el testimonio de dos hombres ejemplares en nuestra historia nacional. Jovellanos, desde el Castillo de Bellver en Mallorca, escribe a un amigo: «Acudo a la mesa sagrada cada quince días; he leído de segunda vez toda la Biblia; he decorado un salterio, acomodado a mi solicoro; y por toda lectura piadosa tengo el mejor de los libros, no canónicos, el Kempis, mi antiguo amigo». El otro testimonio es de nuestros días: el presidente L. Calvo-Sotelo comienza en 1948 a leer los primeros fascículos de la Biblia de Jerusalem, la relee ya completa a lo largo de su vida y con ella en la mano le encuentra la muerte.

La nueva traducción merece ser acogida en España como un elemento de cultura y de ilustración a la vez que como la expresión de una historia sagrada y de una revelación divina. Con ella recuperaremos siglos de retraso en muchos órdenes.