BeatoSanIsidoroPara la portada de Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española se ha tomado un motivo pictórico del Beato de Facundo, que se conserva en la Biblioteca Nacional de España; denominado también Beato de San Isidoro de León, por ser ahí donde se encontraba originalmente, o Segundo Beato de la Biblioteca Nacional.

Es un manuscrito iluminado de mediados del siglo XI (1047 ca.), realizado por encargo de los reyes Fernando I de Castilla y Sancha de León. No se conoce el nombre del iluminador, aunque sí el del copista: Facundo. Es el más lujoso manuscrito ilustrado medieval que se custodia en la Biblioteca Nacional de España. Contiene el Comentario al Apocalipsis de Beato de Liébana.

El Agnus Dei aparece en el folio 116 v. y ocupa el centro de la denominada Gran Teofanía. En ella, el autor ha tratado de conjuntar Apocalipsis 4 y 5. El Cordero degollado aparece rodeado por los cuatro vivientes y los ancianos que tañen cítaras, y, en la parte superior, el Pantocrátor, sentado en un trono y con un libro sellado entre las manos que sólo el Cordero puede abrir. Este, de pie y apoyado sobre tres patas, agarra con la delantera derecha una cruz, siguiendo así los cánones de representación paleocristianos del Agnus Dei.

Como puede apreciarse, el ilustrador se ha tomado libertades respecto al texto. Así, los cuatro seres vivientes, que simbolizan a los cuatro evangelistas (llevan cada uno un libro), no tienen seis alas, sino dos, cubiertas de ojos; por otra parte, están encima de una especie de disco, inspirado en las ruedas del carro de Dios (Ezequiel 1,15).

En cuanto a los veinticuatro ancianos, se reducen a doce solamente, que realizan las acciones descritas en Apocalipsis 5,8: cuatro de ellos se arrodillan, otros cuatro portan cítaras (de tipo árabe) y los cuatro últimos tienen en su mano copas de oro llenas de perfumes. En el centro está el Cordero. Junto a él, el monte Sión (representado por un triángulo), la nueva Jerusalén, Esposa del Cordero, que desciende de la parte de Dios (Apocalipsis 21,9-10): la Iglesia. Sobre el círculo, la puerta abierta del cielo, un arco de herradura por el que se accede al trono divino y a Aquel que se sienta sobre el trono (Apocalipsis 4,2).

En lo que se refiere a la portada de la Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española, léase Apocalipsis 5,1-14:

1 Vi en la mano derecha del que está sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, y sellado con siete sellos. 2 Y vi a un ángel poderoso, que pregonaba en alta voz: «¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?». 3 Y nadie, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro ni mirarlo.

4 Yo lloraba mucho, porque no se había encontrado a nadie digno de abrir el libro y de mirarlo. 5 Pero uno de los ancianos me dijo: «Deja de llorar; pues ha vencido el león de la tribu de Judá, el retoño de David, y es capaz de abrir el libro y sus siete sellos».

6 Y vi en medio del trono y de los cuatro vivientes, y en medio de los ancianos, a un Cordero de pie, como degollado; tenía siete cuernos y siete ojos, que son los siete espíritus de Dios enviados a toda la tierra.

7 Se acercó para recibir el libro de la mano derecha del que está sentado en el trono. 8 Cuando recibió el libro, los cuatro vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron ante el Cordero; tenían cítaras y copas de oro llenas de perfume, que son las oraciones de los santos. 9 Y cantan un cántico nuevo: «Eres digno de recibir el libro y de abrir sus sellos, porque fuiste degollado, y con tu sangre has adquirido para Dios hombres de toda tribu, lengua, pueblo y nación; 10 y has hecho de ellos para nuestro Dios un reino de sacerdotes, y reinarán sobre la tierra».

11 Miré, y escuché la voz de muchos ángeles alrededor del trono, de los vivientes y de los ancianos, y eran miles de miles, miríadas de miríadas, 12 y decían con voz potente: «Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza».

13 Y escuché a todas las criaturas que hay en el cielo, en la tierra, bajo la tierra, en el mar —todo cuanto hay en ellos—, que decían: «Al que está sentado en el trono y al Cordero la alabanza, el honor, la gloria y el poder por los siglos de los siglos». 14 Y los cuatro vivientes respondían: «Amén». Y los ancianos se postraron y adoraron.

Sólo Cristo, Cordero degollado y victorioso, ha podido romper con su pasión y resurrección los sellos que velaban el sentido pleno de las santas Escrituras, que ahora, a la luz del misterio pascual, se manifiestan como Palabra de Dios siempre viva y eficaz, la cual, "leída y anunciada por la Iglesia en la liturgia, conduce, por decirlo así, al sacrificio de la alianza y al banquete de la gracia, es decir, a la Eucaristía, como a su fin propio" [Misal romano, Ordenación de las lecturas de la Misa, 10; Benedicto XVI, Exhortación apostólica postsinodal 'Verbum Domini', 55; Conferencia Episcopal Española (91.ª Asamblea Plenaria), Instrucción pastoral 'La Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia', 10].