fernandezsangradorjorgejuanJorge Juan Fernández SangradorLa edición típica de la Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española ha visto la luz en un formato 17 x 24 cm, que no es el habitual en este tipo de obras. Se ha pretendido así ofrecer al lector un ejemplar con caracteres tipográficos holgadamente dispuestos en la caja del texto y que en el aspecto exterior se corresponda con la excelencia de su contenido -la Palabra de Dios- sin dejar por ello de ser un volumen manual.

Hay una edición encuadernada en tela; otra en geltex. Sólo difieren en el material de la cubierta y en las cuatro cintas que sirven para marcar la lectura en la primera; en su interior son exactamente iguales. Tienen 2.160 páginas en papel biblia, con amplias introducciones a los libros de la Sagrada Escritura, citas de textos paralelos, mapas, más de 6.000 notas y un índice litúrgico con las lecturas para la eucaristía de cada día. El volumen se abre con un decreto del Presidente de la Conferencia Episcopal Española, una presentación del Secretario General de la Conferencia Episcopal Española y la Instrucción pastoral "La Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia" aprobada por la 91.ª Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española.

En la portada figura el Agnus Dei. Ha sido tomado del Beato de Facundo o de San Isidoro de León, un manuscrito del año 1047 con el comentario al Apocalipsis de Beato de Liébana. Se conserva en la Biblioteca Nacional de España en Madrid. El iluminista ilustró con esta representación el comentario de Beato al capítulo 5 del libro bíblico del Apocalipsis, en el que se presenta al Cordero degollado y victorioso (Agnus Dei), que es Cristo muerto y resucitado, como el único que puede romper los sellos que mantienen cerrado el libro de la revelación de Dios. Sólo Él puede surtir de las claves que se precisan para conocer en plenitud el contenido de las santas Escrituras, que ahora, a la luz del misterio pascual, se manifiestan como Palabra de Dios siempre viva y eficaz, que "leída y anunciada por la Iglesia en la liturgia conduce, por decirlo así, al sacrificio de la alianza y al banquete de la gracia, es decir, a la Eucaristía, como a su fin propio" (Misal romano, Ordenación de las lecturas de la Misa, 10; Benedicto XVI, Exhortación apostólica postsinodal 'Verbum Domini', 55; Conferencia Episcopal Española (91.ª Asamblea Plenaria), Instrucción pastoral 'La Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia', 10).

La traducción de los textos, a cargo de veinticuatro especialistas, se ha hecho a partir de los originales en hebreo, arameo y griego. La ortografía, prosodia y estilo han sido cuidadosamente revisados. Han sido tenidas en cuenta las normas emanadas de la Real Academia Española y se han hecho consultas a la Docta Casa. Los versículos han sido dispuestos en dos columnas paralelas, atendiendo, en todos y cada uno de ellos, a que, con el cambio de línea, no se quebrase el sentido de la frase. Los nombres propios han sido vertidos a nuestro idioma con arreglo a las normas de transcripción o de tradición española (Adán, Abrahán, Jerusalén). Los títulos y subtítulos permiten colegir la estructura de cada libro bíblico gracias al cambio de tipografía, mostrando así los diferentes niveles de división del texto. En las introducciones y en las notas, redactadas por expertos, el lector hallará comentarios de carácter filológico, literario, histórico y teológico, que le ayudarán a entender mejor los pasajes de la Sagrada Escritura.

Al poner en manos de los lectores de lengua española la Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española somos conscientes de que nos incorporamos a una dilatada y benemérita tradición que, en nuestro país, ha procurado acercar la Palabra de Dios a todos. Sin la Biblia no se puede entender en toda su amplitud la cultura española ni la occidental. En la Exhortación apostólica postsinodal 'Verbum Domini' [110], Benedicto XVI la ha definido como "un gran código para las culturas", "que contiene valores antropológicos y filosóficos que han influido positivamente en toda la humanidad". En efecto, sin ella sería imposible dar razón de las innumerables manifestaciones del espíritu humano, que se ha volcado y expresado en la literatura, la pintura, la escultura, la arquitectura, el urbanismo, el cine, la fotografía y la música, y lo ha hecho desde la Biblia, a la que corresponde otorgar, sin que, en ese campo, halle competencia en ninguna otra obra escrita, el título de "gran código de la humanidad".