martinezcaminojuanantonioPor primera vez, tenemos una Biblia en español para todas las actividades oficiales de la Iglesia. Es un acontecimiento histórico. A partir de ahora será exactamente la misma traducción del texto bíblico la que se proclame en la celebración de la misa y de los demás sacramentos; la que se cite en los catecismos y las publicaciones eclesiales; la que las comunidades y los grupos podrán usar para preparar las celebraciones litúrgicas o para el estudio y la meditación de la Biblia; la que cada persona y cada familia podrá tener en casa para esos mismos fines; la que ayudará a los profesores de religión a conectar mejor sus clases con el resto de la vida de la Iglesia, etc. Usando las mismas palabras en todos esos ámbitos, resultará más fácil conservar la Palabra de Dios en la memoria y meditarla en el corazón.

En los últimos decenios se han multiplicado las traducciones de la Biblia. Es una buena señal: la Sagrada Escritura ha sido más leída y ha estado más presente en la vida de la Iglesia. Ojalá se sigan haciendo buenos trabajos en este campo. La Versión oficial de la Conferencia Episcopal que hoy presentamos no excluye otras traducciones. Las que cuenten con la calidad y la aprobación debida podrán seguir siendo utilizadas, naturalmente. Pero ahora, por fin, contamos con una traducción de referencia para las actividades más específicas de la misión de la Iglesia.

No es la primera vez que la Conferencia Episcopal encarga tra-ducciones de la Biblia que asume como propias suyas. De hecho, esta traducción tiene antecedentes parciales. En concreto, incorpora las traducciones que se vienen empleando en los libros litúrgicos reformados después del Concilio Vaticano II: leccionarios de la misa, liturgia de las horas, etc. Son traducciones que fueron hechas, desde 1963, por un pequeño grupo de especialistas, de los que el más conocido es el P. Luis Alonso Schökel (1920-1998). Su calidad es muy buena y el oído de muchos ya se ha acostumbrado a ellas. Han sido incorporadas prácticamente en su integridad en esta Biblia. Pero también se ha aprovechado la ocasión para hacer algunas correcciones que venían exigidas por la experiencia prolongada de su uso litúrgico y por el avance de estos años en la comprensión de los textos.

La idea de hacer una traducción completa de la Biblia, como texto oficial de la Conferencia Episcopal, es ya de aquellos años sesenta del siglo pasado. Pero tomó fuerza en los años noventa, con motivo de la publicación de la Instrucción de la Pontificia Comisión Bíblica titulada La interpretación de la Biblia en la Iglesia (1993). En 1996, se creó a tal efecto, una Comisión coordinadora, compuesta por los presidentes y los secretarios de las Comisiones episcopales para la Doctrina de la Fe y de Liturgia, dos biblistas, un liturgista y un teólogo. A propuesta suya se constituyó un Comité Técnico, que fue el que pilotó toda la obra. Su presidente ha sido el Prof. Dr. D. Domingo Muñoz León y su secretario el Prof. Dr. D. Juan Miguel Díaz Rodelas. El trabajo se repartió entre veinticuatro especialistas, procedentes de los diversos centros de estudios superiores de España, y también de Roma y París. Todos tradujeron a partir de los textos bíblicos originales, siguiendo unos criterios comunes, entre ellos, tener a la vista las traducciones litúrgicas existentes y la última edición de la neovulgata.

En junio de 2007 se pudo contar con la traducción completa, in-troducciones y notas. Todo había sido sometido ya a un trabajo de re-visión literaria y, parcialmente, de experimentación litúrgica. Este tex-to, llamado, "provisionalmente definitivo", fue sometido al estudio de unos cuarenta obispos: los miembros de la Comisión Permanente, de las Comisiones episcopales para la Doctrina de la Fe y de Liturgia, cua-tro nombrados ad hoc y todos los que pidieron poder hacerlo.

En junio de 2008 el Comité Técnico sometió a los obispos de la Comisión Permanente su evaluación de las propuestas recibidas. El texto resultante, llamado "texto revisado", fue enviado a todos los obispos.

En noviembre de 2008 la Comisión Permanente aprobó la Biblia en su conjunto (con introducciones y notas) y la Asamblea Plenaria dio su aprobación cualificada (de más de dos tercios de todos sus miem-bros) al texto desnudo, requisito necesario para que en el futuro pueda ser usado en los libros litúrgicos. Con este mismo fin el texto fue sometido también, en julio de 2009, a la aprobación de la Congregación para el Culto divino y la disciplina de los sacramentos. Mejorada con no pocas observaciones que la Congregación tuvo bien hacer, la traducción recibió su aprobación el 29 de junio de 2010.

Como ven ustedes, la Sagrada Biblia. Versión oficial de la Confe-rencia Episcopal Española, es el fruto de un pausado y esmerado trabajo. En él han intervenido muchas personas: especialistas en Sagrada Escritura, en liturgia, en literatura, todos los obispos y sus colaboradores, los peritos de la Congregación y sus responsables, etc. Es un trabajo verdaderamente de colaboración, hecho con rigor y con amor. Al servicio de la Buena Nueva de Jesucristo.

Es obligado agradecer a todos el trabajo realizado. En particular, a los Profesores Muñoz León y Díaz Rodelas, que coordinaron la empresa, así como a todos los traductores. También a la Biblioteca de Autores Cristianos, al director de la misma que comenzó las labores, D. Joaquín Luis Ortega, y al actual, D. Jorge Fernández Sangrador, quien, junto con el cualificado personal de esa benemérita casa editorial, ha sabido coronar un arduo trabajo, que todavía habrá de ser continuado. Hemos tenido la suerte de que el Director actual de la BAC y alguno de sus colaboradores, sean también exegetas y hayan tomado parte en la obra que ahora les ha correspondido editar.

Gracias a todos.